La paradura del niño: ¡Una tradición que te sorprenderá!

Hay celebraciones que no solo se observan… se sienten.
En los Andes venezolanos, entre velas encendidas, cantos a dos voces y el aroma de dulces caseros, ocurre una de las fiestas más auténticas del país: La paradura del niño.

Si te atraen los destinos poco conocidos, las experiencias culturales reales y esos momentos que parecen sacados de otro tiempo, esta tradición puede convertirse en uno de los recuerdos más especiales de tu viaje.


Una fiesta que marca el inicio del año en los Andes

La paradura del niño se celebra desde el 1 de enero hasta el 2 de febrero, día de la Candelaria.
Es decir: durante más de un mes, los pueblos andinos mantienen vivo un calendario religioso popular que mezcla fe, música y comunidad.

No es un evento turístico montado.
Es una costumbre que sigue latiendo en casas, familias y barrios enteros.


El Niño Jesús “se pone de pie”: un símbolo poderoso

El corazón de la celebración es sencillo pero profundamente simbólico:
se reza un rosario al Niño Jesús para celebrar que ya puede “pararse”.

Colocar al Niño de pie en el pesebre representa crecimiento espiritual, esperanza y renovación.
Un gesto pequeño… pero lleno de significado para la devoción venezolana.

La paradura del niño
La paradura del niño – Foto: Ministerio Popular para la Cultura

Una tradición que une familias y comunidades

Lo hermoso de La paradura del niño es que no ocurre en soledad.

Se realiza en familia o con participación comunitaria. Vecinos, amigos e invitados se suman, porque aquí la fe también es un acto social: refuerza la unión y la identidad cultural andina.

En cada casa se siente algo parecido: calidez, hospitalidad y pertenencia.


Padrinos, compadrazgo y la búsqueda del Niño “perdido”

Los dueños de la casa designan a los padrinos, una figura clave que conserva el valor del compadrazgo como lazo tradicional.

Luego viene uno de los momentos más llamativos:
los padrinos emprenden la búsqueda del Niño Jesús “robado” o “perdido”.

Este ritual simbólico, heredado del folklore, convierte la ceremonia en una especie de recorrido lleno de cantos, emoción y expectativa.


Velas, pañuelo blanco y bendiciones para el hogar

El Niño es paseado en un pañuelo blanco, cargado con respeto y acompañado por la Virgen María y San José.

Las velas iluminan la casa y el recorrido no es casual: se pasea para que todos los invitados reciban la bendición.

Aquí la espiritualidad se mezcla con la vida cotidiana: protección del hogar, unión familiar, paz y reconciliación.

La pardura del niño
La paradura del niñi – https://www.el-carabobeno.com/celebran-paradura-del-nino-en-el-templo-de-la-parroquia-candelaria/

Música tradicional: el alma de la paradura

En esta ceremonia la música no es un adorno. Es fundamental.

Los cantos suelen entonarse a dos voces, y aparecen instrumentos profundamente venezolanos:

  • Cuatro
  • Violín
  • Guitarra

Cuando la paradura es cantada, músicos tradicionales entonan versos dedicados al Niño, preservando un patrimonio musical que sigue vivo en los Andes.

Es un espectáculo íntimo, auténtico, emocionante.


Dulces típicos y el brindis final: gastronomía con sabor a tradición

Como toda celebración venezolana, el cierre es compartido.

La fiesta termina con lo que llaman el brindis, donde los organizadores ofrecen comida o dulces típicos.
Un detalle que fortalece la hospitalidad regional y convierte la experiencia en algo completo: cultura, fe y gastronomía.

La paradura del niño. Dulces tradicionales Andinos
Dulces tradicionales Andinos – Foto: Glorienllys, CC BY-SA 3.0

Promesas, devoción y un viaje diferente

Para los andinos, La paradura del niño es mucho más que una fiesta.

Es una forma de demostrar fe, pagar promesas y pedir por salud, paz y bendiciones familiares.
Es un recordatorio de que Venezuela también se descubre en sus tradiciones más profundas, lejos de lo obvio y lo turístico.


¿Por qué deberías vivir La paradura del niño si eres un viajero curioso?

Porque es una experiencia auténtica.
Porque combina historia, música, comunidad y espiritualidad.
Porque te permite ver una Venezuela poco conocida, íntima y real.

Y porque, si buscas momentos que valgan más que una foto, esta tradición te regala algo difícil de encontrar: conexión.


Tip viajero

Si visitas Mérida, Táchira o Trujillo entre enero y principios de febrero, pregunta en los pueblos por celebraciones de La paradura del niño. Muchas ocurren en casas familiares y son una oportunidad única para acercarte a la cultura local con respeto.

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