La Semana Santa en Margarita no siempre estuvo asociada al turismo y las playas. Hubo un tiempo en que la isla se detenía por completo para vivir la fe con intensidad, silencio y recogimiento absoluto.
Conocer cómo se celebraba la Semana Mayor en la época colonial permite entender una parte profunda de la identidad cultural margariteña, más allá del paisaje y el descanso.
Desde el Domingo de Ramos hasta el Sábado de Gloria
La celebración comenzaba el Domingo de Ramos y se extendía hasta el Sábado de Gloria. En los seis tradicionales distritos y en el Valle del Espíritu Santo, la devoción marcaba el ritmo de la vida cotidiana.
En La Asunción se hablaba de “Completica”, expresión popular que describía la participación total en cada acto litúrgico.
Durante esos días se realizaban procesiones como:
- Jesús en el Huerto
- Cristo en la Columna
- La Humildad y Paciencia
- Jesús Nazareno
- El Santo Sepulcro

Las dos últimas revestidas de especial solemnidad, atrayendo personas de toda la isla e incluso visitantes de otras regiones.
El Miércoles Santo y la promesa al Nazareno
El Miércoles Santo estaba dedicado al Nazareno. Durante la misa de la mañana era común ver niños y adultos vestidos con túnicas moradas como señal de promesa.
Algunas madres ofrecían mechones de cabello de sus hijos, que habían dejado crecer en agradecimiento por favores concedidos. Ese cabello formaba parte de la llamada “Santa Melena” que se elaboraba anualmente para la imagen.
Era una expresión de fe visible y profundamente arraigada en la tradición popular de la Semana Santa en Margarita.

Jueves Santo: cuando la isla quedaba en silencio
A las 3 de la tarde del Jueves Santo, las campanas dejaban de sonar. Los templos cerraban sus puertas y comenzaba a escucharse el sonido de matracas, señalando la muerte de Cristo.
Desde ese momento iniciaba un recogimiento riguroso:
- Se recogían los aperos del mar y del campo.
- No se cocinaba; solo se consumían alimentos previamente guardados.
- Las cazuelas y utensilios se colocaban bocabajo.
- No se lavaba ni se planchaba.
- Las personas no se bañaban.
- No se acudía a las playas por temor a convertirse en sirenas o tritones.
- Visita a los siete templos
La vida cotidiana se suspendía casi por completo en la isla.
Viernes Santo: luto y solemnidad absoluta
El Viernes Santo todos vestían de negro, gris, morado, blanco o medioluto. Las misas eran rezadas en profundo silencio.
A las 9 de la mañana comenzaba la procesión del Santo Sepulcro. Cristo muerto era llevado en su sarcófago, adornado con flores blancas y moradas provenientes de los jardines de la isla.
La marcha era lenta y solemne. A pesar del sol intenso, nadie abandonaba su lugar. La Asunción se convertía en el centro principal de la devoción insular durante la Semana Santa en Margarita.
Sábado de Gloria y el regreso a la normalidad
Con el amanecer del Sábado de Gloria se “Repicaba Gloria” y la isla recuperaba su ritmo habitual.
Tras el recogimiento llegaba la Pascua Florida. Regresaban los juegos tradicionales como trompos, pichas, zarandas y perinolas. La quema de Judas marcaba el cierre simbólico de la Semana Mayor.
Una tradición que forma parte de la identidad margariteña
La historia de la Semana Santa en Margarita revela una tradición profundamente enraizada en la vida social y espiritual de la isla. Más que un calendario litúrgico, era una experiencia colectiva que transformaba cada hogar y cada espacio público.
Hoy, cuando Margarita es conocida principalmente por sus playas, recordar estas costumbres permite valorar su riqueza histórica y cultural.
Entender el pasado también es una forma de preservar la identidad.

